La cara y la cruz: Bellingham se afianza en el Pichichi, pero se marcha con un esguince de tobillo

Es el último jugador del once del Real Madrid al que anuncia el speaker del Bernabéu. Porque Jude Bellingham es la gran estrella de este Real Madrid, el ídolo de Chamartín y mucho tendrá que remar el galáctico que pueda aterrizar para acercarse a lo logrado por el inglés en apenas ocho meses como jugador blanco. Cuando a los 56 minutos se fue, tocado en un tobillo con un golpe que no le impidió marcar el 3-0, el Bernabéu se puso en pie para tributarle una de esas ovacione reservada a sus elegidos.

Luego se encenderían todas las alarmas al conocer el parte médico: esguince de tobillo y pendiente de evolución. Mañana se le harán pruebas, pero es seria duda para jugar ante el RB Leipizig. Teniendo en cuenta que el duelo es dentro de tres días, lo más normal es que el inglés no juegue. Más problemas para Ancelotti, que se lo toma con mucha filosofía. “Más preocupado no puedo estar, porque hoy hemos batido el récord del mundo al tener a los cuatro centrales lesionados”.

Su cuenta de goles está disparadas desde que arrancó la temporada. Son cifras impropias de un centrocampista, porque la realidad es que ya no se sabe si Bellingham es un medio o la versión de Alfredo di Stéfano del siglo XXI. Porque, como La Saeta Rubia, Jude aparece en cualquier parte del campo y es mortal en el área rival.

Una imagen que preocupa

Bellingham, en el banquillo con hielo en el tobillo izquierdo.

Bellingham, en el banquillo con hielo en el tobillo izquierdo.

Ante el Girona hizo primero el 2-0. Un gol de llegador, de depredador campo abierto. Vinicius, con un pase extraordinario con el exterior de la escuela de Luka Modric, y Bellingham dio una lección de saberse manejar en el mano a mano. Esquivó la salida de Gazzaniga, salió a su izquierda y cuando se reducía el ángulo remató a la red para hacer el 2-0.

El segundo suyo, tercero el Madrid, llegó tras una jugada monumental de Vinicius, una barbaridad que el meta del Girona evitó. Pero allí apareció Bellingham, en zona de ariete para empujar a la red. Gol de deprepador.

Son 20 tantos con su firma, lo que hace que lo que parecía imposible ya sea más que posible. Y es alcanzar los 26 tantos de Fernando Hierro (21 en Liga) de la mano de Radomir Antic en la temporada 1991-92. Esa es la cifra más elevada de un medio madridista. Ya quedan atrás los 18 de Guti en la 2000-01.

Otro recital de pegada

Que el inglés es candidato a acabar la temporada como máximo goleador hace tiempo que se sabe. Camino de los dos tercios del campeonato, esos 16 goles le vuelven a colocar al frente de la tabla de goleadores por encima de Dovbyk (Girona) y Borja Mayoral (Getafe). Ancelotti insiste en que no es un 9. Es verdad. Pero sí es un goleador que marca en cualquier contexto y en cualquier exigencia de guión. Su nómina de dianas es tan amplia en número como en repertorio: con la dos piernas, de cabeza, de penalti, llegando desde atrás, en estático en el área, de cerca, de lejos…

Era el gol que ponía tierra de por medio en el partido. Y en LaLiga, porque la distancia con el Girona crecía a cinco puntos. Un golpe de autoridad del Madrid. Del Madrid de Bellingham. El Bellingham que es ídolo del Bernabéu.



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